Vida de poeta junio 29, 2014 – Publicado en: Poesía

Un cuento breve de Enrique Anderson Imbert dice: “Alégrate. Tu deseo ha sido otorgado. Escribirás los mejores cuentos del mundo. Eso sí: nadie los leerá”. La historia de la obra del poeta pampeano Juan Carlos Bustriazo Ortiz parece estar encantada bajo ese designio. Hoy, a cuatro años de su muerte, cerca de setenta libros suyos permanecen inéditos. Bustriazo es para los pampeanos el gran poeta de La Pampa. Su poesía atraviesa, desde mediados de la década del 50 hasta la actualidad, todas las generaciones de artistas, músicos y escritores de la provincia. Su obra completa (79 títulos) se llama Canto quetral (“quetral” en mapuche significa fuego).

En los últimos años, su escritura está siendo cada vez más reconocida y se habla de él como uno de los grandes poetas y un clásico de la poesía contemporánea.  Fueron varios los intentos por llevar a la edición sus libros, pero sólo once fueron publicados hasta ahora. Sin embargo, muchos de sus textos han circulado en hojas sueltas, libros realizados por sus amigos o fotocopias; por eso es posible que cerca de noventa de sus poemas conformen el cancionero folclórico de la provincia y que existan estudios sobre su obra. Bustriazo, “el Flamenco Bustriz”, “el Penca” –como lo nombraban en su círculo cultural– fue de los escritores que dicen que su escritura se debe al influjo de la inspiración.

Explicaba que sentía el dictado del título y de un tirón escribía el libro, aunque después corregía palabra por palabra y a cada volumen le ponía un número. El relacionaba esa mística, que está presente en toda su obra, con las culturas de los pueblos originarios. El poeta Edgar Morisoli escribió “[la poética de Bustriazo] conjuga un orbe donde todo palpita, todo late: no hay seres y cosas por separado. En un rumbo esencialmente afín al pensamiento indígena que nutre la ‘cosmovisión americana’, todo se torna criatura/creatura: gente, animales, piedras, astros…”. La firma estaba compuesta por dibujos que representaban la cruz araucana, rulos que interpretaban el infinito, entre otros símbolos que hacían referencia a su cosmogonía.

La escritura de Bustriazo estaba íntimamente ligada a su forma de vida. En su portafolio llevaba el único vaso en donde tomaba vino, y entre sorbo y sorbo le ponía una tapa “para que no se le escaparan los espíritus”. En oportunidades decía que le había llegado el anuncio de que pronto se iba a morir, entonces obsequiaba sus pertenencias (objetos indígenas, piedras, que iba a buscar por los médanos).

Quienes se dedicaron a estudiar el Canto quetral señalan dos momentos bien diferenciados en la obra. El primero abarca sus 26 libros iniciales y es el más tradicional –y el más interpretado musicalmente. En el segundo, el poeta desarrolla una etapa experimental que se funda con Elegías de la piedra que canta (1969). Otros títulos emblemáticos de esta etapa son: Unca bermeja y Libro del Ghenpín.

El poeta Sergio De Matteo señala que en este período “está concentrada la experiencia que Juan Carlos vivió a través del lenguaje, en donde multiplica sus neologismos, las voces mapuches y criollas. Uno puede rastrear la influencia de César Vallejo, de Oliverio Girondo, de los poetas vanguardistas de Latinoamérica o de los surrealistas franceses; pero él construye un lenguaje único que lo diferencia de esas estéticas”.

La profesora Dora Battiston afirma que es en esa etapa cuando el poeta cruza esa frontera estética que atraviesan Juan José Saer, Antonio Di Benedetto y Héctor Tizón, entre otros, cuando logran construir un universo literario a partir de la representación de sus ámbitos originarios. Bustriazo fue animador de las peñas más concurridas del ambiente intelectual y artístico de Santa Rosa hasta mediados de los 80, cuando comenzó con frecuentes problemas de salud por excesos de alcohol. En una de sus últimas internaciones psiquiátricas, Battiston, amiga del poeta, quedó al cuidado de sus manuscritos. Cuando Bustriazo se recuperó, dijo que ya no podría volver a escribir porque los remedios le habían quitado la inspiración. Durante años, desconoció que hubiera dejado por propia voluntad los manuscritos al cuidado de otra persona. Comenzó entonces los reclamos y un período de incógnita de más de diez años. Durante ese tiempo, algunos de los poemarios de Bustriazo fueron publicados por editoriales independientes. El conflicto y la escasa trascendencia que había tenido la difusión de Canto quetral hasta el momento comenzaron a inquietar a los lectores. Los poetas Cristian Aliaga y Andrés Cursaro iniciaron una difusión que se extendió más allá de la provincia. Sostuvieron una relación personal con Bustriazo, y junto a Sergio De Matteo llevaron a cabo presentaciones, lecturas de poesía y la publicación de la antología Herejía bermeja en Ediciones en Danza (que próximamente será reeditado por Espacio Hudson y distribuido gratuitamente en 12 mil escuelas del país, a través del Ministerio de Educación de la Nación). El libro reúne siete poemarios y valiosos textos inéditos. Este nuevo impulso llevó a Bustriazo, entre otras cosas, a participar como invitado especial del cierre del Festival de Poesía de Rosario en 2008, donde fue ovacionado por el público. Ese mismo año, la obra fue devuelta al autor. Luego de varios intentos acordaron ambas partes hacer el traspaso de la obra mediante escribano, en las mismas condiciones en que le había sido entregada a su amiga quince años antes y como ella solicitaba que lo hicieran. Sin demoras, hubo un intento de publicar la obra completa en tomos por parte de Ediciones Amerindia. Pero sólo salió a la luz un título, que reúne sus seis primeros poemarios. Inconvenientes de acuerdos entre las partes impidieron seguir adelante y el proyecto quedó trunco. Bustriazo falleció el 1º de junio de 2010, a los 81 años.

Lidia Hernández, su mujer –a quien conoció en una de sus internaciones– heredó su obra. Desde entonces, sólo se han podido publicar algunos textos en pocas antologías, entre ellas: 200 años de poesía argentina, por Jorge Monteleone (Alfaguara). Los músicos Josefina García y Nicolás Blum –que conforman el cuarteto musical Rojo Estambul y son parte de las nuevas generaciones que interpretan poemas de Bustriazo– grabaron el disco Dulcegrafías hondas, en el que incluyen poemas inéditos del autor y la participación de grandes artistas de la provincia.

A pesar de que iniciaron los trámites correspondientes para los derechos de autor –por escrito y con abogados–, no lograron editarlo y nunca más tuvieron novedades sobre la propuesta que hicieron. Es por eso que realizaron un video comunitario que puede verse en YouTube y se llama Aquí estoy yo, en el que una gran cantidad de personas muestra versos del poema Primera palabra, que corresponde al Libro del Ghenpín: “Ponerlo en manos de la gente (al poema) es toda una declaración de principios. Aparte de una intención artística en sí misma”, dicen los músicos. Consultada por este diario sobre las posibilidades futuras de publicación de Canto quetral, la única heredera de la obra contestó: “La obra está ahí para quien quiera editarla, siempre y cuando se pueda llegar a un acuerdo”. *Cuento corto incluido en el libro El gato de Cheshire (1965), de Enrique Anderson Imbert.

 

Fuente: Perfil

« Espacio Hudson presentó nuevas obras en la Feria del Libro de Buenos Aires
Vida de poeta »